Origen

Archivo Ronald Kay  / Un orden que desborda.

 

Los documentos conservados por Ronald Kay 

En una casa del barrio Bellavista, Kay había dispuesto dos estantes especialmente diseñados para archivo. En ellos ordenaba y revisitaba los documentos que acumuló y conservó a lo largo de su trayectoria entre 1962 y 2017, período en el que se desempeñó como poeta, teórico, gestor, artista visual y traductor. Este material lo trasladó desde Chile a Alemania y luego de regreso a Chile.

En la misma casa se encontraba también su biblioteca, compuesta por alrededor de cinco mil libros en seis idiomas. Fue construida a lo largo de treinta años, principalmente en Alemania, y trasladada a Chile en 2015 en un contenedor; por ello, gran parte de los títulos allí reunidos no se encuentran en Latinoamérica. Kay concibió su biblioteca desde una perspectiva visual: diseñó y construyó anaqueles de un color cuidadosamente elegido, con el fin de montar, junto a su archivo, una suerte de exposición permanente.

La biblioteca está conformada por catálogos de arte, poesía, filosofía clásica y contemporánea, cosmovisiones orientales, narrativa, arquitectura, diseño, fotografía, teoría del arte, antropología, sociología, cine y música, entre otras áreas. Este acervo se vincula directamente con los diversos documentos que reunió y preservó a lo largo de su vida: cuadernos de su etapa como estudiante, materiales de su tesis doctoral, cuadernos de docencia, portafolios de investigación sobre otros autores, colecciones de referencias visuales y teóricas, discos duros con materiales diversos, obra visual propia y ajena, correspondencia, fotografías, cuadernos de sueños, entre otros.

 

Construcción del archivo

Desde abril de 2019, dos años después de la muerte de Ronald Kay, se inició la tarea de ordenar y catalogar los documentos que conformaban su archivo personal. Hasta entonces, estos se habían mantenido resguardados en los dos estantes (de 1 metro de ancho por 2 metros de alto cada uno), dispuestos tal como el propio Kay los había organizado. La estrategia inicial para abordar esta compleja labor fue dejarse guiar por la intuición: observar si el orden establecido por el artista ofrecía claves para construir una arquitectura de legibilidad que facilitara futuras investigaciones. En ese momento, no existía un sitio de acceso a la obra de Ronald Kay; si bien el Centro de Documentación Cedoc contaba con un catálogo general, este no alcanzaba a dar cuenta de la magnitud y diversidad de su producción.

En este contexto, junto a Mariana Camelio —quien fue asistente personal de Kay— y con la colaboración de la investigadora Jennifer MacColl en la formulación y redacción del proyecto, se obtuvo un primer financiamiento a través del Fondo Nacional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (convocatoria 2019). El proyecto tenía como objetivo revisar, organizar y catalogar la totalidad del material, así como otorgarle visibilidad mediante un sitio web de libre acceso, concebido como una plataforma dinámica de comunicación y difusión. Este espacio permitiría revisitar y reflexionar en profundidad sobre las producciones artísticas, teóricas y literarias de Ronald Kay desde nuevas perspectivas.

Al inicio, junto a Mariana, no teníamos claridad sobre cómo abordar el archivo; sin embargo, compartíamos la convicción de respetar el orden original de Kay y el compromiso de descifrar su lógica interna. Nos enfrentábamos a un corpus complejo, difícil de domesticar. No contábamos con experiencia en prácticas archivísticas ni éramos especialistas, pero sí teníamos la intuición y la experiencia de haber trabajado junto a Kay, quien nos había transmitido múltiples ideas sobre su propio archivo. Antes de convocar a un equipo de catalogación, comenzamos a revisar los documentos desde un lugar marcado por la incertidumbre. Paradójicamente, esa condición resultó fértil: en el silencio del proceso, intentábamos escuchar la “voz” del archivo. A medida que avanzábamos, nos sorprendíamos con los hallazgos; de algún modo, se trataba de un reencuentro con una nueva dimensión de Ronald Kay.

Una vez revisada la totalidad del material y constatada la dificultad de articular las metodologías archivísticas convencionales con la resistencia categorial y el diferimiento propios de la escritura y la visualidad de Kay, convocamos a Sebastián Valenzuela-Valdivia (investigador y curador/editor de arte contemporáneo) para que nos asesorara en los procesos de sistematización, clasificación y catalogación de archivos de artistas. Basándonos en la norma ISAD(G), trabajamos durante meses de manera experimental: desplegamos en un muro múltiples papeles, ensayando configuraciones posibles de subfondos, series, subseries y expedientes. Reordenábamos constantemente estas estructuras, en un ejercicio iterativo en el que Sebastián nos acompañaba semanalmente, formulando preguntas que nos exigían fundamentar cada decisión.

La comprensión de las lógicas profundas del archivo se fue construyendo en el propio proceso. En este recorrido, resultó fundamental la presencia de las anécdotas evocadas por Mariana Camelio al entrar en contacto con los materiales, las cuales solían remitir a problemáticas más complejas. Como sugiere Walter Benjamin, es posible volver a narrar la historia a partir de pequeños acontecimientos: fragmentos, anécdotas aparentemente anodinas, microrelatos o desvíos conceptuales que, pese a su apariencia insignificante, permiten dar cuenta de temporalidades dispersas que se entrelazan y dialogan entre sí.

El pensamiento y la obra de Kay abarcan múltiples campos disciplinarios. Por esta razón, desde un inicio surgió la convicción de que el proceso de catalogación no podía limitarse únicamente a herramientas técnicas de la archivística, sino que debía nutrirse también de saberes y experiencias provenientes del campo artístico, capaces de dar cuenta de la naturaleza multidisciplinaria de su práctica.

En consecuencia, se convocó a un equipo de trabajo integrado por profesionales de diversas áreas —literatura, teatro, cine y artes visuales— con quienes se revisó y catalogó la totalidad del material. El equipo estuvo conformado por Mariana Camelio (escritora, profesora e investigadora), Francisca Márquez (actriz y docente) y Magdalena Carrasco (artista visual, fotógrafa y cineasta). Se establecieron reuniones de pauta semanales, cada lunes, y se llevó un registro cotidiano mediante actas que dejaban constancia de cada decisión adoptada, así como de los cambios que iban emergiendo a lo largo del proceso. La catalogación se extendió por aproximadamente siete meses.

Esta primera etapa concluyó con la digitalización de cuadernos y carpetas de investigación teórica y creativa producidos por Ronald Kay durante su etapa como estudiante en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile (1966–1968) y en la Universidad de Konstanz, Alemania (1968–1972), así como de parte del material generado en su labor docente en el Departamento de Estudios Humanísticos (DEH) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile (1972–1980).

En total, se digitalizaron y publicaron 39 cuadernos, en el marco del lanzamiento del sitio web, realizado en enero de 2023 en la Casa Central de la Universidad de Chile, instancia que marcó el cierre de la primera etapa del proyecto financiado por Fondart 2019.

El archivo se fue configurando como un espacio sin límites, un lugar desde el cual repensarlo todo. La construcción del Archivo Ronald Kay ha sido concebida como una práctica atravesada por el cuerpo y el afecto. Se desarrolló a partir de un acercamiento materialista y cotidiano, atendiendo a las “pieles” de los documentos que el propio Kay resguardó a lo largo de su vida. Indagamos en el archivo como materia, en sus múltiples dimensiones y formas, comprendiendo que las operaciones materiales que lo constituyen se producen de manera simultánea —o en paralelo— a nuevas sedimentaciones del cuerpo del autor, muchas de ellas postergadas en vida.

Que Ronald Kay haya ordenado en vida su propio archivo constituye, por una parte, un problema. ¿Cómo clasificar documentos que aparecen en los años sesenta, reaparecen en los noventa o incluso en los dos mil? ¿Cómo clasificar una obra que no sucede de manera lineal y que vuelve constantemente sobre sí misma? Aquello que el propio autor gesta antes de morir puede, en el archivo, llegar a anudarse, pero —como señala el investigador Javier Guerrero en su libro Escribir después de morir. El archivo y el más allá (2022)— “no se sedimenta en vida” (p. 318).

¿Por qué lo ordenó?, ¿para qué lo ordenó? ¿Tiene Ronald Kay una relación de propiedad sobre su propio archivo? ¿Es, en rigor, “su” archivo? ¿La identidad del autor se disemina en lo inter y transdisciplinario, en las lagunas, en los puntos ciegos, en las constelaciones? ¿Se desubjetiva en ese proceso? ¿Qué fue Ronald Kay? ¿Cómo poner en obra esta desmesura sin reducirla?

Encontrarse con el archivo de Ronald Kay es  encontrarse con su desmesura.

 

 

Por Lorena Ramírez Alamo / Directora Archivo Ronald Kay